Me presenté en Almería la noche antes, después de tres horas de carretera, porque tuve que ir por la carretera de la costa, ya que por el interior estaba nevado.
Fuí al estadio a recoger el dorsal y allí me encontré con Antonio, mi antiguo compañero de clase, al que no veía desde hace ventitantos años. Joder, como pasa el tiempo.
No tuvimos mucho tiempo de hablar, pero recordamos algunos momentos de aquella época. Su hija estaba al lado y nos miraba flipada de cómo nos acordábamos de tantas cosas de hace tanto tiempo.
Allí estaban también Martín Fiz y Abel Antón dando una charla-coloquio. Después la gente se hacía fotos con ellos, pero yo no me animé a hacerlo.
También pude saludar a Franfri, Fidel y Barney, que son unos fenómenos los tíos, como corredores y como personas. Es lo que tiene este mundillo de las carreras que además de disfrutar corriendo, conoces a buena gente.
Me tuve que ir, no me pude quedar a la cena de la pasta, porque había quedado con unos amigos, para quedarme a dormir en su casa y tampoco era plan de llegar muy tarde. Además hacía tiempo que no los veía a ellos ni a sus niñas y también me apetecía.
Al día siguiente después de desayunar Nono me acompañó al estadio. Hacía un día horroroso, con frío, viento y amenazando lluvia. Cuando mi amigo me vio con las mallas y la camiseta de tirantes, me dijo que si estaba loco, que como iba a correr así, “que te vas a congelar, tio”, decía. Pero así son las cosas de correr.
La carrera en general no estuvo mal. Dos vueltas a un circuito de unos 10 km. Con una ligera subida en la Rambla y con mucho viento de cara cerca de la playa. El frío, aunque lo hacía se soportaba.
Cuando iba por el 5 km. Escuché una voz que me pareció conocida, miré para atrás y ¡¡¡ Que ven mis ojos ¡¡¡ Abel Antón que esta corriendo detrás de mi.
Iba con un grupito de gente y como llevaban un buen ritmo me acoplé con ellos.
La verdad es que iba encantado, corriendo al lado de todo un CAMPEÓN DEL MUNDO DE MARATÓN. Además, es un tío súper agradable, campechano, amable. Vamos, un tío de puta madre. En los avituallamientos, nos decía que no nos preocupáramos que él cogía el agua, se adelantaba (no le costaba trabajo ni nada, que fenómeno) y después repartía las botellas.
Aguanté con él y con otro amigo que iba con él, hasta los últimos 2 km, que pegaron un hachazo y se fueron. Pero apreté y llegué un poquito después que ellos.
Por los menos puedo decir que he corrido una carrera junto a un Campeón del Mundo de Maratón.
La experiencia en general ha sido muy positiva. A pesar de las malas expectativas que tenía, por el mal tiempo y el viajecito que tuve que hacer el día antes.
