Mis ganas de correr están mermadas, pero no lo suficiente.
Mi cabeza me dice que salga a correr, pero mi cuerpo sale a la calle, siente la flema y busca mil excusas para quedarse.
Así que, he llegado a un acuerdo entre cuerpo y mente y salgo tarde, esperando que amaine el calor y el cuerpo se sienta mas reconfortado. Me acompaña el ocaso.

Con mi música y con el ocaso, la carrera se hace amena y disfruto.
Lo que ocurre es que mi música la controlo yo, pero el ocaso lleva otro ritmo, va más adelante, más deprisa y muy pronto se escapa por el horizonte.
Ya no tengo la grata compañía del ocaso, pero al momento y casi sin darme cuenta siento la presencia de otra vieja conocida, con la que he pasado mucho tiempo corriendo y con la que me siento muy agusto.
La noche está conmigo, me relaja, me reconforta, me anima. Su silencio me gusta y las sombras que la acompañan hacen que mi imaginación divague.
Entretanto, en mi MP3 suena una canción, me gusta y me pongo a tararearla mientras sigo corriendo:
Hace calor, hace calor,
yo estaba esperando que cantes mi canción,
y que abras esa botella, y brindemos por ella
y hagamos el amor en el balcón.
Mi corazón, mi corazón
es un músculo sano pero necesita acción.
Dame paz y dame guerra, y un dulce colocón
y yo te entregaré lo mejor.
Ah, haa ha, ah, haa ha,
Dulce como el vino, salada como el mar,
princesa y vagabunda, garganta profunda,
sálvame de esta soledad.
Hace calor, hace calor,
ella tiene la receta para estar mucho mejor.
Sin truco, sin prisa, me entrega su sonrisa
como una sacerdotisa del amor.
Luna de miel, luna de papel,
luna llena, piel canela, dame noches de placer.
A veces estoy mal, a veces estoy bien,
te daré mi corazón para que juegues con él.
Ah, ha ha, ah, haa ha,
Podrían acusarme, ella es menor de edad.
Iremos a un hotel, iremos a cenar,
pero nunca iremos juntos al altar.
He roto el silencio de la noche, pero la noche sigue estando conmigo y el calor también.
